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Criterios para educar la Voluntad  

Ø  Empezar desde la infancia. Un recién nacido cuando llora es susceptible de ser educado. Hay niños que sistemáticamente acaban en la cama de sus padres pues éstos no saben resistir la presión que les hace el niño con su llanto. Un pequeño de tres años puede haber sido educado desde su nacimiento o ser un pequeño consentido que tiraniza con sus caprichos a la familia y al entorno educativo.
Ø  Educarles en el orden es un primer estadio para el autocontrol. Orden en las comidas -a su hora, en el aseo y en los horarios. El niño necesita adquirir el orden por educación desde su entorno. Los caprichos que consienten o fomentan padres y abuelos dejan de ser manifestaciones de cariño cuando llevan al niño a ser caprichoso y consentido.
Ø  Educarles en la autoexigencia: hay que enseñar desde los primeros años a tener un afán de hacer las cosas bien, sin caer en el perfeccionismo. Que entiendan y asimilen términos como esfuerzo, sacrificio, etc., es fundamental para su educación.
Ø  Creación de hábitos escolares: El niño, cuando llega a la escuela, necesita adquirir muchas pautas que requiere la vida en común. Poco a poco irá adquiriendo la autonomía necesaria primero en sus necesidades básicas y posteriormente en los hábitos necesarios para los aprendizajes de diverso tipo que va a tener que desarrollar.
Ø  Exigir siempre de acuerdo con sus posibilidades. El realismo y la progresión son dos cualidades básicas en quien tiene que exigir. Crecer en cualquier hábito supone esfuerzo continuado por mejorar en una faceta. Tan perjudicial es la no-exigencia como el hacerlo de un modo desabrido o desproporcionado.
Ø  Cuidado con la sobreestimulación: puede generar niños ansiosos. Hay chicos, generalmente muy buenos como estudiantes y como personas, que se exigen desproporcionadamente, quizás en su afán de alegrar a las personas que les rodean. Cuando esta exigencia degenera en ansiedad es muy conveniente atajarla. A veces son madres perfeccionistas quienes transmiten, sin quererlo, esta ansiedad al hijo.
Ø  El hijo debe saber y percibir con hechos que el amor que recibe es incondicionado. Que no es ni por su comportamiento ni por sus resultados escolares. Que no necesita ser perfecto para ser amado. El voluntarismo es una deformación, como lo es el hedonismo. Lo ideal es una voluntad recia pero en un clima sereno y armónico.
Ø  Exigir de acuerdo con el carácter: sin ser un profesional de la sicología es necesario acertar en el modo de exigir. Es muy diferente el tratamiento que requiere un sentimental del de un apático. No adecuarse al modo de ser del educando lleva a la arbitrariedad y a causar daño a alguno de ellos. La familia es el lugar donde mejor se puede realizar esa adaptación y son los padres los que deben velar para que, sin paternalismos, en la escuela se dé esa educación personalizada necesaria para tratar a cada uno con justicia.
Ø  Adaptar la exigencia a la edad en el fondo y en la forma. La exigencia al niño es relativamente fácil. Si se le acostumbra desde pequeño la mayoría acepta como natural lo que dicen sus padres y profesores.
Ø  Criterios comunes y estables. Para garantizar el éxito es necesario que el padre, la madre y el centro educativo compartan criterios de exigencia y que éstos sean estables y no dependan de estados de ánimo o de razones subjetivas. Cuando esto no se da, el niño o adolescente adquiere con facilidad una doble o triple forma de vida. Su comportamiento no dependerá de convicciones sino de adaptación a las pautas externas de comportamiento.
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